Marcar tres goles en 90 minutos nunca ha sido tarea fácil, pero hacerlo en una final de Champions es algo que solo unos pocos elegidos han sido capaces de hacer a lo largo de la historia. Más allá de la dificultad intrínseca que conlleva marcar goles a esas alturas de la competición, los nervios y la presión por hacer a tu equipo campeón de Europa también entran en la ecuación.