“Nos gustaría dedicar la victoria a Maradona” había declarado Conte, consciente de que la noche lluviosa del Nápoles-Qarabag podría ser la oportunidad perfecta para rendir homenaje a la leyenda del fútbol, que da nombre al estadio de los azzurri. ¿Qué mejor manera de hacerlo que con un partido ganado por su equipo? Dicho y hecho. El Nápoles buscaba la victoria —en este caso su segunda en la Champions League — para escapar de una posición difícil en la clasificación y la consiguió, desterrando algunos fantasmas y los cálculos matemáticos.