El Atlético siempre ha sido un grande. Su vitrina, el goteo de títulos y la categoría de sus futbolistas, con tantos internacionales, campeones del mundo y leyendas, así lo recuerda. Pero la mentalidad es lo que, de verdad, marca un punto de inflexión a juicio de la mayoría entre el antiguo y el nuevo régimen. Simeone, como portavoz de tantísimos trabajadores del club con chándal o corbata, aparece como gran culpable. Antes, una eliminatoria ante el Barça se afrontaba desde el victimismo. Ahora, a lomos de una confianza desbordante. David ya es Goliat. Así que las exigencias se van orientando a la par. Soñar no vale y se queda corto. El Metropolitano, la ida del Camp Nou y el crecimiento obliga a estar en semifinales.