El día en que José Mourinho dirigió su último entrenamiento como entrenador del Real Madrid, el 1 de junio de 2013, Álvaro Arbeloa le pidió que posasen juntos, acompañados del resto del cuerpo técnico del portugués. Lo hicieron en uno de los banquillos del Campo 3 de la Ciudad Real Madrid y el jugador publicó posteriormente la imagen, con un mensaje cariñoso: “Ha sido un placer poder trabajar con todos vosotros durante estos tres años. Muchas gracias por vuestra dedicación, vuestro cariño y vuestra confianza. Os deseo todo lo mejor. Nos vemos pronto, amigos”. Si uno sentía la marcha de Mourinho en el vestuario, sin duda era Arbeloa. Muchos otros prácticamente la deseaban: Casillas, Ramos, Cristiano, Özil, Pepe… En un momento en que el madridismo se hallaba fracturado entre mourinhistas y antimourinhistas, el hoy entrenador del Madrid se posicionaba claramente.