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Panorama semanal: La complejidad del agua corriente de Charata

El gobernador de la provincia del Chaco, Jorge Capitanich, fue blanco de furibundas críticas de parte de la oposición provincial después de derramar lágrimas cuando anunció la llegada de agua potable por redes a los hogares de Charata. Ese fue apenas la punta del iceberg de las diatribas que luego se engrosarían con la “denuncia” de que el jefe de Estado estaba mintiendo porque la obra del segundo acueducto no estaba terminada.

Las pasiones políticas se desataron y el debate llegó a la base. La gente (y los dirigentes opositores) azuzan las redes para hacer sus denuncias, las que prefieren que queden en el barro, porque con ellos ya es suficiente para la obtención del objetivo político. Está claro que eso ha generado dividendos a Cambiemos. A menos de dos años de haber dejado el poder con un país prácticamente en ruinas, obtuvieron un holgado resultado favorable que ha generado la expectativa de que es posible que vuelvan al poder en 2023.

Que ocurra una cosa y que genere ese resultado, sin embargo, no transforma la realidad. Los hechos, no dejan de ser lo que son, aunque la gente prefiera creer otra cosa. La barbarie que representa la exacerbación de la mentira a niveles que una mayoría termina creyéndosela pinta la actualidad, especialmente en el terreno político.
Esto no es nuevo, se trata del pilar en que el Cambiemos y sus aliados radicales en la provincia construyeron la base del acceso al poder de Mauricio Macri y su política de empobrecimiento (para los sectores más postergados) y a la vez de enriquecimiento y privilegios para los amigos.
Capitanich no inauguró el segundo acueducto, pero los trabajos ya ejecutados de esa vital obra de infraestructura permitieron que el agua potable llegue a Charata y a través de las redes de miles de hogares de esa ciudad del sudoeste provincial.

Efectivamente la toma del segundo acueducto no está terminada, pero los conductos troncales están prácticamente terminados y ya fueron utilizados en ocasiones anteriores para llevar agua al centro de la provincia, por ejemplo, en caso de roturas del primer acueducto.

De allí que utilizando la actual toma de agua ubicada en la zona de Barranqueras es posible llevar agua a través de los ductos del segundo acueducto hasta la ciudad de Charata. Y es lo que hizo Capitanich provocando las lágrimas que también fueron criticadas.

La llegada del agua a las redes domiciliarias de Charata fue confirmada por prestigiosos periodistas de esa ciudad, pero nada de esto importa, no solo entre la dirigencia política opositora de la provincia, sino en los medios porteños que se han ensañado utilizando toda clase de recursos, algunos ciertamente repudiables como la mentira, para denunciar que el segundo acueducto no está terminado.

En cierto modo Capitanich es víctima de sí mismo. Cuando finalizaba el segundo de sus mandatos, hubo funcionarios de su gobierno que promovieron la “fiesta del agua” cuando todavía estaba lejana la llegada del agua potable por redes a la ciudad de Charata.

La mentira, es innegable, es una herramienta que no tiene color político.

Sin embargo, la falta de culminación de las obras del segundo acueducto son en buena medida responsabilidad del gobierno de Mauricio Macri que no tuvo problemas en postergar a la provincia de Chaco, con cierta complicidad -por omisión- en todo caso del gobierno “peronista” que estuvo esos años en el Gobierno.

Lo que también ocurrió en ese momento fue un estruendoso silencio de los ahora denunciantes de la falta de terminación del segundo acueducto. Macri paralizó esa obra a la que le faltaba un tercio para su terminación y los legisladores que ahora se sacaron fotos con Horacio Rodríguez Larreta (el delfín de Macri) en su reciente visita relámpago a la capital chaqueña tampoco nada dijeron en esos años.

Hipocresía. Tampoco tiene color político.

CHACO

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