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Monseñor Castagna: No al pobrismo, sí a la pobreza evangélica

El arzobispo emérito de Corrientes recordó que "el amor a la bienaventurada pobreza no incluye desprecio al valor temporal de los bienes económicos y a su necesaria administración".

El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, afirmó que “el amor a la bienaventurada pobreza no incluye desprecio al valor temporal de los bienes económicos y a su necesaria administración. Así no lo entiende la Iglesia”.

El prelado salió así al cruce de algunos “desprejuiciados que endilgan a los pastores un propósito político-social inexistente, que ellos califican despectivamente: ‘pobrismo’”.

“Injusta calificación, absolutamente extraña a la pobreza evangélica”, aseveró en su sugerencia para la homilía dominical.

Monseñor Castagna recordó que “las bienaventuranzas, expuestas por Jesús, constituyen un resumen de toda la moral cristiana. Son promulgadas en el célebre ‘Sermón de la Montaña’, en cuyas primeras líneas se revela el verdadero alcance de la pobreza evangélica: ‘felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos’”.

“El pobre de alma es el humilde. La pobreza sin humildad es una mera carencia de bienes económicos, ciertamente injusta cuando no satisface las necesidades humanas básicas. La humildad relaciona con Dios, en la obediencia a sus mandamientos, y con los semejantes, en la justa participación de todos los bienes, acordados al hombre, como dueño providencial de la tierra”, sostuvo.

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