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Mons. Castagna: "La Eucaristía actualiza el misterio de la cruz"

En su sugerencia para la homilía de la solemnidad del Corpus, el arzobispo emérito de Corrientes recordó que "el culto eucarístico constituye un estado de vida irremplazable para los cristianos".

El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Castagna, afirmó que durante la bimilenaria historia de la Iglesia, se produjo un gran acercamiento al “misterio admirable” de la cruz.



“Están también los abusos, rayanos con el sacrilegio”, advirtió, pero sostuvo: “Jesús se arriesgó a ello. Vale por tanta santidad y compromiso evangelizador que produce su celebración”.



“Los grandes del Reino, los santos, adjudican a la Eucaristía la razón de sus vidas”, destacó en su sugerencia para la homilía dominical.



El prelado correntino recordó que “el culto eucarístico constituye un estado de vida irremplazable para los cristianos”, porque, sostuvo, “allí está el secreto de la fecundidad evangelizadora de la Iglesia”.



“Las diversas experiencias de fe corroboran su actualidad, en particular las que aportan los santos, algunos muy jóvenes, como Carlo Acutis, recientemente beatificado”, puntualizó.



“La Eucaristía manifiesta el amor que Dios nos tiene, al actualizar sacramentalmente el misterio de la pasión y muerte del Señor. Con esos sentimientos debemos celebrarla”, concluyó.



Texto de la sugerencia


1. Su carne es la comida y su sangre la bebida. La Eucaristía es Cristo mismo, presente entre nosotros, y hecho Pan para nutrirnos de él y bebida para calmar nuestra sed de infinito. Jesús destaca su valor echando mano a expresiones “escandalosas”, para aquellas mentes formadas en una preceptiva super exagerada. Ni los Apóstoles tenían claro que esa promesa se cumpliría en forma sacramental. Hacen una conmovedora declaración de confianza, por boca de Pedro: “Jesús preguntó entonces a los Doce: “¿También ustedes quieren irse? “ Simón Pedro le respondió: “Señor ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios”. (Juan 6, 57-59) Pedro habla en nombre de la Iglesia que tendrá que presidir. El Jueves Santo Cristo realizará lo prometido, a través de los signos del pan y del vino. Se entiende que, de esa manera, será posible que se cumpla la afirmación “escandalosa” para las mentes de sus mismos discípulos: su Carne es comida y su Sangre es bebida.



2. Asombrosas historias. Las palabras, que Juan transmite fielmente, despiertan disputa e incredulidad entre sus seguidores. No obstante, Jesús no suaviza su lenguaje. Es preciso que no haya dudas sobre la verdad: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes”. (Juan 6, 53) De esa manera revela su condición de pan vivo, bajado del Cielo: “El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. (Ibídem 6, 51) La Eucaristía, que hoy celebramos solemnemente, ofrece una asombrosa historia. En reiteradas ocasiones Dios recurre a hechos que escapan a los cánones de la ciencia, para manifestar la realidad que se manifiesta en el signo sacramental. El joven Beato Carlo Acutis, dedicó su tiempo a registrar milagros eucarísticos de distintas latitudes y épocas. El hecho milagroso es una tierna condescendencia divina ante la incredulidad y el escepticismo de grandes sectores de los cristianos “que aún dudan”. El auténtico creyente no fundamenta su fe en el milagro. La auténtica garante es la Palabra de Dios. El sacerdote, que pronuncia las palabras de la consagración, es consciente de que únicamente el poder de Dios hace que el pan y el vino se conviertan - entre sus manos - en la carne y la sangre de Cristo.



3. La Iglesia vive de la Eucaristía. Es importante trascender el aspecto folclórico de las procesiones del Corpus. Es la fe, que se expresa en estas solemnidades, y enciende el fervor y la adhesión del pueblo a la persona de Cristo. Pruebas irrefutables constituyen las celebraciones de Congresos Eucarísticos y otros piadosos eventos en torno a la Eucaristía. A partir del Jueves Santo, el Pan bajado del Cielo se convierte en el alimento sustancial de la Vida cristiana. En la Encíclica sobre este Sacramento, el Papa San Juan Pablo II, afirma que la Iglesia vive de la Eucaristía. Cada cristiano vive de la Eucaristía o está muerto. El mismo Señor lo afirma al anunciarla: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes…” “Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”. (Juan 6. 52-56) No se entiende la vida cristiana sin la Eucaristía. Al servicio de ese esencial alimento está el sacerdocio ministerial. Si el sacerdote estuviera reducido únicamente a celebrar la Eucaristía - por enfermedad o ancianidad - su misión estaría plenamente cumplida.



4. La Eucaristía actualiza el Misterio de la Cruz. Durante la bimilenaria historia de la Iglesia, se produjo un gran acercamiento a este Misterio admirable. Están también los abusos, rayanos con el sacrilegio. Jesús se arriesgó a ello. Vale por tanta santidad y compromiso evangelizador que produce su celebración. Los grandes del Reino, los santos, adjudican a la Eucaristía la razón de sus vidas. El Culto eucarístico constituye un estado de vida irremplazable para los cristianos. Allí está el secreto de la fecundidad evangelizadora de la Iglesia. Las diversas experiencias de fe corroboran su actualidad, en particular las que aportan los santos, algunos muy jóvenes, como Carlo Acutis, recientemente beatificado. La Eucaristía manifiesta el amor que Dios nos tiene, al actualizar sacramentalmente el Misterio de la Pasión y muerte del Señor. Con esos sentimientos debemos celebrarla.+

HOMILÍA MONS.CASTAGNA

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