Política

Gustavo Valdés, Gobernador de Corrientes: Al PRO le faltó generosidad con la UCR. El radicalismo debe buscar a un nuevo Alfonsín

Liberó la cuarentena en mayo, tiene una provincia desendeudada y reclama abrir el turismo cuanto antes. Habla muy bien de Cristina Kirchner como política, considera que no puede abandonarse a Alberto Fernández en una situación como esta y cree que Macri fue por lo menos injusto con los radicales en toda su gestión. Cree que debió darle un lugar más relevante a Ernesto Sanz.

El año que viene, además de las legislativas, se renueva mandato en Corrientes. En 2019 desdoblaron los comicios. ¿En este caso se van a desdoblar también?

—En la mayoría de las oportunidades el propio plazo electoral lo impone la Constitución de la provincia de Corrientes. Por lo tanto, las elecciones deben ser convocadas en un plazo de entre cuatro y dos meses antes de la finalización del mandato. En el último tiempo no ha coincidido con lo nacional. Es probable que ahora tampoco coincida. Es una manera para debatir más el modelo provincial que el nacional. Por lo menos, es algo que no maneja la táctica.

—Dos meses antes tendría que ser el 10 octubre. Si fuera la tercera semana, no te lo permitiría.

—Como las elecciones son la tercera semana realmente no coincidiría, pero es únicamente la del gobernador.

—Las elecciones en Bolivia y el triunfo de la oposición muestran la dificultad de los oficialismos en un momento de pérdida de fuentes de trabajo y de poder adquisitivo, ¿cómo será el escenario electoral el año próximo, no solo en Corrientes?

—Creo que cada proceso tiene su impronta. Incluso, cada nivel tiene su propia impronta, el nacional, el provincial y el municipal. La gente evalúa cuál es la responsabilidad del gobernante más allá de los partidos. Hoy estamos en una crisis de partidos. Por eso, se confía o no. La clase dirigencial en general está subvaluada por la sociedad. Le otorga gran responsabilidad sobre lo que sucede. La pregunta es cuánto más va a durar esta pandemia y qué es lo que hicimos cada uno de los gobernantes. Todo eso va a tener repercusión en las próximas elecciones, tanto en nosotros, que elegimos Ejecutivo, como en todo el proceso electoral argentino. Máxime cuando vamos a tener elecciones distintas. Seguramente vamos a tener el acompañamiento de nuestro electorado para postular cargos.

—Corrientes es una provincia sui géneris en ese sentido, primero con la intervención de Oscar Aguad, y luego con la gestión de Arturo y Ricardo Colombi como gobernadores, dos primos. En el medio de eso hubo una modificación de la Constitución que permitía reelegir. Tuviste la fortuna de que fuera en 2017, cuando Cambiemos estaba en su mejor momento. Si te hubiera tocado 2019, quizás el resultado hubiera sido otro.

—De las últimas diez elecciones nacionales ganamos tres y perdimos siete; pero las elecciones provinciales las ganamos todas.

—La ventaja de que no coincida con la elección nacional.

—Es una ventaja, porque los correntinos podemos discutir nuestro modelo, hacia dónde vamos. Allá por el 2000 los correntinos tuvimos una debacle. Algunos recuerdan que ya pasaron veinte años. De allí vino y provino esa elección que siguió con tres interventores nacionales. Fue un proceso que nos permitió consolidar la provincia. Corrientes es la provincia más intervenida de la historia argentina.

—¿Y a qué lo atribuís?

—Tenemos nuestra forma de gobernar y nuestra forma de hacer. Quizás seamos la más diferente de todas las provincias. Tenemos cerca de treinta o cuarenta partidos políticos que se enfrentan. Un frente de veinte partidos contra otro de veinte partidos, más algunos que prefieren conservar su independencia. Eso nos distingue.

—Alguna de las alternativas electorales de Colombi apoyó al kirchnerismo.

—Arturo Colombi apoyó a Julio Cobos. De allí sobrevino una disolución de lo que era ese frente gobernante, que casualmente se llamaba Frente de Todos. —Y después Ricardo Colombi fue candidato por Roberto Lavagna.

—Exactamente. Acompañamos la fórmula radical de Roberto Lavagna

—Con Gerardo Morales. Se ven cruces continuos en la historia de Corrientes. Se lo puede tomar como un túnel de viento de toda la Argentina. —Lo que ocurría en Corrientes se fue dando luego en la Argentina. En Corrientes existe el Partido Liberal y también sus desprendimientos. —¿Sería como el PRO? —No, el Partido Liberal no tiene que ver con el PRO.

—Me refiero a las anticipaciones.

—Sí, a las formas de la conformación partidaria. Por ejemplo, gobernaba en Corrientes. Allí comenzó a tener vocación frentista la Unión Cívica Radical. Tenía esa vocación unitaria como partido político de avanzar solo en las elecciones. A partir de ese proceso, del que nos costó mucho salir, comenzó a haber otros que nos fueron llevando a ganar en otros distritos, como Jujuy. Otras experiencias como frentes electorales.

—No solo en Jujuy. También en Mendoza. En las dos, de hecho, el partido de Sergio Massa fue aliado tanto de Alfredo Cornejo como de Gerardo Morales —Siempre nuestros vicegobernadores eran peronistas. Fue una particularidad esa conjunción de radicales y peronistas. Al principio de la democracia, hubo un intento en la Unión Cívica Radical en Corrientes de 1987. Por entonces nos decían que no. De ahí salió “con los radicales ni a misa”, ese tipo de frases que hoy parecen superadas. Los partidos políticos entraron en crisis y comenzaron a darse los procesos de conjunción. —El año que viene sos el radical que arriesga el puesto ejecutivo más importante. Más allá de que se trate de no nacionalizar la elección, las cuestiones de índole nacional afectan de algún modo. ¿Incidirá la caída del 12% del producto bruto? —Va a afectar, y mucho. La cuestión económica nos afecta. Por supuesto que nosotros no podemos hacer nada. Las provincias no tenemos la facultad de emitir recursos, de articular e imponer impuestos a los productos, salvo los ingresos brutos, algo de mínima incidencia. Entonces, para nosotros es difícil controlar la cuestión económica. Sí se nos va a evaluar por la pandemia, por las obras públicas que pudimos hacer, por cómo estuvimos al lado de la gente. Qué construimos, qué proyectamos hacia el futuro. Para eso nosotros tratamos ejes. La gente en Corrientes va a seguir acompañando al proceso que llevamos adelante. Es la primera vez que tenemos una provincia ordenada durante mucho tiempo. Históricamente, cuando sobrevenían las crisis económicas, la primera provincia que explotaba era Corrientes. Pese a todo, hubo una suba de salarios hace poco. Estamos con niveles aceptables de salario. Y al mismo tiempo contamos con una política consolidada, pagamos todos los sueldos antes de fin de mes, incluso el aguinaldo. Una política de orden a la que se agrega la obra pública. Proyectamos hacia adelante, trabajamos para el desarrollo, donde estamos innovando y podemos comenzar a mostrar nuestra provincia a la Argentina. —Dijiste: “Una provincia que hizo una enorme inversión en obras, un banco corriente saneado, que es una herramienta fundamental para el desarrollo. Una provincia desendeudada con equilibrio fiscal que no está hipotecada, que conserva facultades plenas sobre todos sus bienes y recursos”. Mauricio Macri incitaba a los gobernadores a endeudarse. ¿No le hiciste caso? —Corrientes debe el 7% de su presupuesto. Sabemos lo que es tomar deuda. Tomar deuda tiene que ser exclusivamente para inversión; pero la mejor inversión que uno puede hacer es tomar el ahorro e invertirlo. No solamente no tomamos deuda en general, estamos desendeudados por primera vez en muchísimos años, sino que aparte generamos un fondo que fue pensado como anticíclico, que también es de garantía; que también es hoy para desarrollo y para sustentabilidad. Cuando proyectamos estrategias con esa plata, sabemos que es un capital a invertir para que las empresas se fortalezcan. Pero tienen que ser empresas que realmente sirvan a la economía de Corrientes. Por ejemplo, de forestación. Todos los aserraderos que comiencen a invertir en los parques industriales que montamos de ese sector son de interés estratégico para la provincia. Son los intereses que vamos a proteger. Los financiaremos con el Banco Provincia de Corrientes a través de una línea de crédito tradicional. Cuando nos piden Las Marías o Playadito, empresas yerbateras con respaldo, que tienen un potencial enorme, nosotros podemos salir a garantizar tasas preferenciales, las mejores para que podamos respaldar. Financiamos a Las Marías cuando invierte en madera; a Playadito cuando invierte en forestación. Sabemos que son empresas serias, que nos traen desarrollo y agregan valor a nuestra materia prima. —¿Hay algún punto de contacto con el proceso de forestación de Uruguay que comenzó hace décadas y derivó en la posibilidad de tener dos pasteras de escala internacional? —No hay contacto con Uruguay. Sí hay contacto con las empresas. Salimos a buscar al mundo; no esperamos que vengan a golpearnos la puerta a Corrientes. Sería un error. Estuve en Finlandia, estuvimos en Letonia viendo el proceso forestal, cómo trazaron un futuro hacia adelante, qué es lo que viene en materia forestal para saber exactamente dónde estamos parados. —¿O sea que te gustaría tener sobre el río Uruguay una pastera como la que tiene Uruguay? —Tenemos que industrializar nuestra madera en cualquier proceso que sea. Hoy tenemos 550 mil hectáreas forestadas. Somos la primera potencia forestal de la Argentina. Tenemos que ir no solo a buscar esa inversión, tenemos que trabajar la industria del mueble. Argentina importa 600 millones de dólares por año en los derivados de la madera. Necesitamos esa inversión, primero para que no se vayan nuestros dólares y segundo para generar mano de obra. Fuimos a China a ver pasteras. Trabajamos con los chinos. También viajé a Brasil a mirar ese proceso. Estuvimos en el Proyecto Puma, un proyecto realmente impresionante. Es hacia donde debe ir la República Argentina. Es un debate que debe darse, para no perder la oportunidad. Paraguay está invirtiendo en una pastera. No debemos quedarnos en ser los generadores de la materia prima y dejar de agregar valor a lo que industrializamos. En ese sentido, podemos elegir hacia dónde ir. Corrientes tiene una matriz productiva similar a Rio Grande do Sul, en Brasil, entonces tenemos que mirar; son espejos, o muy similar a lo que puede ser Uruguay. —Firmaste junto con Patricia Bullrich en junio un comunicado que decía: “Nos preocupa que mientras la sociedad está angustiada por la pandemia, un sector del oficialismo parece enfocado en enrarecer el clima político con el aparente objetivo de conseguir la impunidad de ex funcionarios procesados o condenados por corrupción”. No lo hicieron ni Morales ni Suárez de Mendoza. ¿Te sentís más cómodo en posiciones más críticas al gobierno nacional? —Fui miembro del Consejo de la Magistratura de la Nación. Tuve la oportunidad de conocer desde adentro lo que fue el proceso. Asumí cuando perdíamos las votaciones siete a seis. Veíamos cómo salían los jueces subrogantes con clara intencionalidad. Cuando vemos que hay traslado de los jueces, tenemos que ser absolutamente cuidadosos. Lo mismo cuando el principal tema de un gobierno termina siendo una reforma judicial mientras se destruye la economía. Por supuesto que todos los temas son importantes. Se puede tocar el sistema judicial, pero con extremo acuerdo del oficialismo, de la oposición, de los actores del Poder Judicial, de las asociaciones de magistrados, incluso de los gremios. Hacer un sistema que mejore la calidad institucional y que nos dé garantías a todos. —¿El apuro en tratarlo es porque uno de los escenarios es que pierdan las próximas elecciones? —No sé cuál es el apuro; lo esencial es el consenso. Ahora o mañana. Debe haber garantías para todos. Una empresa extranjera que viene a la República Argentina observa que tenemos un manoseo permanente de los jueces. No existe país desarrollado en el mundo que no cuente con un sistema judicial fortalecido e independiente. Si seguimos así, nuestro destino va a ser siempre el mismo. —Denunciaste que en 2015 un avión de Aerolíneas Argentinas no salió a tiempo para que no llegaras a votar en el Consejo de la Magistratura. —Fue algo intempestivo que me llamó la atención. Decían que no salía por mal tiempo. Pero el avión estaba en el medio del sol, bajo una típica neblina matinal. Y en Buenos Aires tampoco había mal clima. —¿Tu voto hubiera sido decisorio? —Fue en aquel tiempo cuando apartaron a Juan María Cabral. Convocaron de prepo a una reunión extraordinaria. Denuncié lo que ocurría. Sabíamos que Ángel Rozas había viajado al exterior. Éramos seis los que teníamos un pensamiento, menos uno: Ángel Rozas. Si yo no estaba, quedábamos cuatro. Con los otros siete hacían mayoría y podían seguir avanzando en algunos temas. Ya habíamos pedido que las extraordinarias se convocaran con 72 horas de anticipación. En ese contexto hubo dos vuelos que no salieron. Lo hablé con Ernesto Sanz. Cabral, que tenía una causa para fallar, fue removido no solamente de la Cámara en la que estaba, la de Casación, sino que también corrió la suerte en todos los subrogantes. Con él conservo una gran amistad. —¿Coincidís con Macri en que este es el último gobierno populista de la historia de la Argentina? —No coincido. Si no construimos una alternativa inteligente, si la gente no ve que la oposición puede construir un proyecto político que sea razonable, abarcativo y claro para salir, puede haber otros tantos gobiernos como este. —Alfredo Cornejo, otro gobernador radical, que fue contemporáneo tuyo en cuanto a la gestión, siempre fue muy crítico de Macri. ¿Compartís su mirada? —Cuando uno gobierna tiene que acompañar al presidente. Incluso ahora yo estoy acompañando a Alberto Fernández en un momento difícil. Para salir adelante, la Argentina necesita gobernabilidad. Si los gobernadores, desde lo político, comenzamos a atacar a un presidente en una situación política muy difícil en lo económico, todo se agrava. Mauricio Macri tenía todo nuestro respaldo. Los procesos tienen que comenzar y terminar. No podemos cambiar de caballo a mitad del río. Desde esa visión dije que Macri tenía que continuar siendo el candidato a presidente de la Nación. —Macri hizo una crítica a Rogelio Frigerio. ¿Fue un buen ministro del Interior en los dos años que compartieron la gestión? —Fue uno de los ministros que más nos atendía, con mejor relación con los gobernadores. Incluso una vez que dejó de ser ministro. —¿Y le era leal al presidente? —Por supuesto. Trabajábamos muy bien. Sabía que había interna en el gabinete y que eso carcomía la credibilidad del gobierno, hasta aquel sábado o domingo fatídico en que nos convocaron a Olivos, en el que se dijeron tantas cosas. Ese día el radicalismo rechazó los cargos que le ofrecieron desde el oficialismo. No es que fuimos a pedir los cargos, sino que rechazamos los que nos habían ofrecido. —Fue en el momento de las devaluaciones de septiembre de 2018. —Teníamos una muy buena relación con Rogelio Frigerio. Hace poco vino a visitarnos a Corrientes. Quedó una amistad fuerte. —¿Hizo bien el radicalismo en no aceptar? —Creo que sí. —¿El radicalismo debe ocupar un lugar distinto en Juntos por el Cambio? —Tenemos que agarrar el lugar; no se trata de pedirlo. Debe ser el motor de nuestra alianza. Nos corresponde hacer grandes propuestas. El radicalismo tiene muchas posibilidades, muchos hombres, muchos pensadores, extensión territorial. Debe dejar de creer que es el patito feo del lago. Tiene que salir a ocupar los espacios porque tiene valores y principios. Y porque es institucional, es un partido republicano, de trayectoria. Debe valorarse más y salir a mostrar sus nuevos cuadros políticos. Sus jóvenes y sus grandes pensadores. —¿Por qué el radicalismo no pudo hacer valer su peso específico? —No quisimos quebrar al gobierno. Pudimos haber tomado la decisión muy dura de salir a quebrar al gobierno, pero teníamos que defender las instituciones, aportar a partir de una conducta diferente. Quizás tenemos muchas internas, y queríamos salir a fortalecer al radicalismo y a Cambiemos para que por primera vez un presidente no peronista culminara su mandato. Así lo hicimos. La panacea iba a ser que lograra la reelección. Estuvimos cerca de ello. Le faltó política al gobierno y le faltó incorporar radicales, aun a sabiendas de que no éramos el problema y que podríamos ser parte de la solución. Le faltó meter a Ernesto Sanz, que es un gran pensador de la Unión Cívica Radical, un gran militante, un gran político. —¿Te sentís identificado con Ernesto? —Debió estar como jefe de Gabinete o con otro rol protagónico. Fue alguien clave para llegar a la coalición. —Ernesto Sanz rechaza primero el ofrecimiento de ser ministro de Justicia porque no le ofrecieron ser jefe de Gabinete; más tarde no acepta la Jefatura de Gabinete o el Ministerio de Interior en 2018. ¿Nunca se le ofreció el puesto que le correspondía? —Lo que rechazó es una integración tardía. Tenía que haber estado, desde mi punto de vista, gobernando, acompañando al presidente de la Nación. —¿Por qué no sucedió? —Cuando terminó Gualeguaychú, la primera declaración de Macri fue que no sería un gobierno de coalición. Fue el primer tortazo. Después no se fue dando. —¿Tendría que haber sido candidato a vicepresidente sin las PASO? —A mí me hubiera gustado. Pero el que tendría que haber aceptado o no es él. —¿En 2018 le tendrían que haber ofrecido la Jefatura de Gabinete? —Contaba con la valía necesaria. Los ministros le corresponden al presidente de la Nación. Al PRO le faltó más generosidad con la Unión Cívica Radical para gobernar de otra forma. —Hablamos de los gobernadores, pero no del núcleo duro del radicalismo, que es la provincia y la Ciudad de Buenos Aires. Gustavo Posse nos dijo en un reportaje como este que el radicalismo “fue servil con el PRO”. ¿A qué atribuís que el partido radical en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires haya ido extinguiéndose? ¿Hubo un canibalismo por parte del PRO? —El radicalismo empezó a perder poder después de Fernando de la Rúa, que fue una catástrofe. Perdimos la casa central, quedaron las sucursales. —Primero la Ciudad y después la Provincia. —Así es, primero en la Ciudad y después fuimos cayendo en Provincia de Buenos Aires. Hasta que el radicalismo no se recupere en ambos lugares le va a costar mucho ser una alternativa de poder. Por eso debe buscar una vocación aliancista para llegar con sus ideas al poder. Es lo que estamos intentando, pero es una construcción que lleva mucho tiempo. Debemos salir a buscar cuál es la figura central. —¿Quiénes serían las figuras? —La pelea no debe ser por el espacio. Se tiene que dar por poder llegar a lo que piensa. No por el espacio de diputado nacional, o por un lugar en un Concejo Deliberante. —Por el Poder Ejecutivo. —Por todo el poder. Esa vocación de poder es lo que debe recuperarse. Por la valía del partido y de sus hombres, no conformarse con un lugar en una lista. Hay que salir a buscar el poder y construir una alternativa. —¿Martín Lousteau sería la alternativa en la Ciudad? —Lousteau es una alternativa para la Ciudad de Buenos Aires. Después va a ser él quien deba construir su posibilidad en la República Argentina. Para eso hay que ver si viaja al interior, si el radicalismo simpatiza con él. Si no, queda como que la política de la Argentina es lo que sucede en los canales de televisión. —Desde que se modificó la Constitución hay una enorme cantidad de candidatos que llegan de la Provincia y de la Ciudad de Buenos Aires. No es el caso de Néstor Kirchner, pero sí el de Cristina, que es de La Plata. Sergio Massa, Roberto Lavagna, Mauricio Macri, Fernando de la Rúa, Daniel Scioli son porteños. Aquí están los medios de comunicación, es muy difícil para alguien del interior tener una llegada nacional. Paralelamente el PRO se constituye primero como un partido vecinal de la Ciudad de Buenos Aires y luego se expande a los partidos del Conurbano. ¿Ese era el lugar del radicalismo que el PRO le tomó? —Ya lo había perdido. Y eso es lo que termina debilitando al radicalismo a nivel nacional. Ese es el dilema que hay que resolver. Será buscando un hombre, a un nuevo Raúl Alfonsín, que surja de sus filas. O puede ser un nuevo De la Rúa, que en su momento fue ese Chupete arrasador en la Ciudad de Buenos Aires. Eso es lo que va a irradiar una recuperación del radicalismo a nivel nacional, que hoy ya está en las provincias. ¿De qué sirve tener una provincia con un volumen de un 1% del electorado nacional cuando uno pierde el Conurbano, pierde La Matanza, pierde Quilmes, pierde Lanús, pierde la tercera sección de Buenos Aires y en Capital Federal? Ese es el gran desafío para la UCR. —¿Reelegirás con mejores números que en 2017? Sanz dice que el 41% del año pasado hoy es más de un 50%. —Para el año que viene falta, porque uno no puede saber cómo deriva esta pandemia. Hacer proyecciones así es irresponsable. Estamos en modo pandemia, crisis económica, comenzaremos a salir. Hoy la situación es muy compleja, muy delicada.

—Corrientes es la única provincia que limita con tres países simultáneamente: con Paraguay, con Brasil y un bracito chiquito con Uruguay. Siempre hay historias de contrabando, truculentas, de carteles de la droga, del delito. Tenés como vecino a Rio Grande do Sul, que tiene tres veces el territorio y treinta veces la población de Corrientes. ¿Cómo es la relación entre correntinos y gaúchos brasileños?

—La costa del Uruguay de Corrientes habla prácticamente portugués. Hay mucho intercambio con Brasil.

—Tu padre fue intendente de Ituzaingó dos veces.

—Es donde está la represa de Yacyretá. Brasil tiene una característica diferente a la de Paraguay. Hasta hace poco tiempo, a pesar de que teníamos la represa de Yacyretá con Paraguay, no teníamos contacto. Nosotros hicimos el paso durante el gobierno anterior. Debe seguir ese contacto con el Paraguay. Hay una represa que pagamos 15 mil millones de dólares. Es otra la situación con Brasil. Todo el comercio internacional con Brasil, el 80% o 90%, pasa por dos ciudades: Paso de los Libres fundamentalmente, con mil camiones por día cuando hay tránsito normal, y Santo Tomé/San Borja, que tiene unos 500 o 600 camiones por día de acuerdo a la temporada.

—¿Cómo fue ese vínculo durante el coronavirus?

—Se cerró la frontera. Se abrió exclusivamente para el comercio. Para el tránsito de camiones controlamos la cuestión sanitaria; acompañamos al Ministerio del Interior para resolver la cuestión sanitaria y que no se contagien las poblaciones. Tener mil camioneros que ingresan del lado de Brasil, donde la pandemia está explotada, realmente es complicado. Encima vienen de Buenos Aires, donde hay una relación muy delicada con los números. Intentamos hacer un corredor de manera que puedan circular por el territorio correntino de manera segura. Lo mismo en Santo Tomé con la Mercovía. Se hizo un muy buen trabajo.

—Corrientes abrió mucho antes que la Ciudad de Buenos Aires, pese a ser vecina a Chaco, que la pasó muy mal, y a Brasil.

—Estamos en fase cinco hace seis meses.

—Hicieron cuarentena el mes de abril y un pedacito de mayo.

—Aguantamos la cuarentena para construir un hospital de campaña para mil personas, centralizado en la Capital. Hicimos 300 unidades de terapia intensiva a tal efecto.

—Después del primer mes y medio, pasaron rápidamente a fase cinco: abriste bares, restaurantes, hasta shoppings. Luego tuviste en agosto un rebrote.

—Volvimos a algo similar a una fase tres. Le pedimos a la administración pública que se quedada en su casa para descender el nivel de movilidad. Estuvimos diez días parados, logramos bajar y hoy tenemos un promedio de menos de cuarenta casos. El total de casos en la provincia de Corrientes desde que comenzó la pandemia es de 2 mil. Sin embargo, es una provincia de tránsito, controlamos el puente de Chaco-Corrientes con esenciales. Los contagiados que tienen negativo pueden circular con normalidad.

—En septiembre abriste hasta los balnearios.

—Están habilitadas las playas. Los intendentes van a decir cuáles son los protocolos de cuidado trabajando con los equipos de salud. Hacerlo de manera que se puedan disfrutar. Estamos trabajando para habilitar lo que es el turismo con burbuja de pesca. Necesitamos esos dólares que vienen de Brasil, Buenos Aires, Entre Ríos o Misiones. Necesitamos comenzar a movilizar el turismo y poner esos protocolos en funcionamiento para que no quiebren las empresas. El sector más golpeado de Corrientes es el turismo. Todo el sector productivo de la provincia estuvo funcionando a pleno.

—¿Habrá carnaval?

—Por ahora no. Ya no hay tiempo. El carnaval se trabaja seis meses antes. Es imposible llegar con todo lo que es trajes, diseños, coreografías, ensayos y presentar un espectáculo como lo conocemos. Lo mismo que el Festival Mundial del Chamamé. Apenas podamos juntarnos vamos a hacer un gran festival para olvidarnos del coronavirus.

—Sos testigo privilegiado de Brasil, país que va camino a la mayor cantidad de contagiados y de muertos por coronavirus; y de Paraguay y Uruguay, que tuvieron la menor cantidad. Hay mucha discusión sobre las diferentes estrategias, ¿cuál es tu evaluación de la situación hasta hoy?

—Preferentemente debe haber una cuarentena corta, pero depende de que la gente se cuide. Somos todos individualistas, pero para salir de la pandemia necesitamos ser uno y hacer todos lo mismo: cumplir con el distanciamiento social, con el barbijo. Hay muchos a los que no le importa: dan un beso o comparten el mate. Esta torpeza de los ciudadanos lleva a situaciones más complejas. Para las ciudades más grandes es mucho más difícil.

—¿Te identificás más con lo que hizo Brasil o con lo que hizo Uruguay?

—Tenemos que hacer más como Uruguay, apelar a la responsabilidad ciudadana. Al principio teníamos un caso y era un escándalo; cuatro casos, un escándalo. Hoy tenemos sesenta casos. No hay que mirar la cantidad de contagios sino la fortaleza de nuestro sistema sanitario. Que podamos atender a los ciudadanos. Si se cuenta con un hospital de campaña como el que hicimos en Corrientes con el 5% de camas ocupadas, ¿para qué voy a volver a toda la población a fase uno? No voy a destruir el comercio, la industria, la producción de Corrientes. Evitaré empobrecer a todo el mundo. La capacidad sanitaria de Corrientes está fortalecida y disponible. A eso sumamos la advertencia sobre cuál debe ser el comportamiento social. Esa es la ecuación. Si en Corrientes la situación llega al 50% de la capacidad hospitalaria disponible, entonces los cuidados serán otros y las medidas también serán diferentes.

—Jair Bolsonaro apeló a que el costo electoral de la cuarentena lo paguen los gobernadores. Hubo polémica con los gobernadores del sur, que implementaron cuarentenas más parecidas a la Argentina. Hay quienes dicen acá que Cristina Kirchner a propósito no menciona la pandemia porque supone que puede haber un costo sobre la persona a la que le toca administrarla, especialmente por la situación económica remanente. Hoy Bolsonaro está subiendo en las encuestas sobre la base de que ha dado un equivalente a nuestro IFE de 600 reales, que implica aun más dinero que la ayuda del gobierno argentino. Extrañamente, consigue votos que antes eran de Lula. ¿Cómo afectarán las ayudas sociales las próximas elecciones argentinas?

—Hay populismo de izquierda y de derecha: pero en definitiva todo es populismo. Hay una empatía entre el gobernante con el que recibe su ayuda, pero debe ser transitoria. Cuando la convertís en permanente, que es lo que pasa ahora, termina siendo cuestionable. Bolsonaro no es un dirigente político cualquiera. Tiene una preparación militar, su formación es distinta a la de otros. Tiene perfecto conocimiento de lo que puede ser una guerra. Parece una idiotez lo que dice, pero en realidad le está hablando a un electorado. La crisis económica no se va a notar tanto en Brasil. Cuando pase la pandemia, recordaremos lo que pasó; pero también miraremos nuestros bolsillos. Votaremos, como nos decía Juan Carlos Pugliese, con el bolsillo.

—No con el corazón. —Lo digo con el cuidado del caso: Bolsonaro va a hacer una buena elección en Brasil.

—¿La estrategia electoral del oficialismo irá por ese camino y construirá un IFE hasta octubre del año próximo?

—Es la pregunta de todos: cómo salimos. El turismo va a traer muchos dólares. Hoy Buenos Aires está muy barato en dólares. Cuando abramos la frontera vamos a tener muchísimos dólares. Traerá reactivación.

—¿Crecerá la economía?

—Si el Presidente presenta un plan que sea claro, se superará la situación. No podemos estar peor. Con una Argentina produciendo, con su capacidad productiva, la situación será mejor. No habrá mes del año que viene que no sea mejor que el mismo de este.

—Serán mejores; pero peores que los de 2019.

—2021 va a ser mejor que 2020.

—¿No habrá malestar, pese a la mejora?

—Va a haberlo. Y ya lo hay. Hay mucha gente desilusionada con la clase dirigente de la Argentina. Necesitamos recuperar credibilidad, pero tenemos que ser capaces de mostrar un escenario realmente ventajoso para las empresas, para generar trabajo y riqueza. Mi padre siempre me dice que la única manera de combatir la pobreza es generando riqueza. Si la política no es la que arbitra los medios para conseguir la riqueza y que esa riqueza sea bien distribuida, nadie puede tener un plan político exitoso.

—¿Cómo evaluás las gestiones de Mauricio Macri y de Cristina Kirchner?

—Mauricio Macri fue el mejor presidente de la macro. Trató de acomodar la macroeconomía para que después se acomode la microeconomía. Fracasó en la economía del día a día, y la gente dijo que necesitaba otra cosa. Alfredo Casero lo definió muy bien. Querían flan, lo que es una síntesis de cómo fue el gobierno. Estábamos encaminados a salir con un plan que nos podía hacer ver la luz a final del túnel. Quedó en el camino. Cristina Kirchner fracasó por lo mismo. Fracasó por la economía, como muchos de los gobiernos de Argentina. A eso se sumó una grieta que aún no podemos sortear. La grieta siempre aparece. Cristina es una dirigente política brillante, más allá de compartir o no sus ideas. En sus últimos tiempos no tuvimos una dirigente política tan fuerte como ella. Tanto Néstor como Cristina son los dirigentes políticos más fuertes de los últimos tiempos. Incluso más que Carlos Saúl Menem en aquella década. Pero el más trascendente siempre será Raúl Alfonsín. Perfil

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