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El árbol que genera rechazo: "Su flor huele a semen", la ciencia explica por qué

En Argentina y , árbol que genera rechazo: “Su flor huele a semen”, la ciencia explica por qué.

Un árbol que se lo conoce como peral de flor o peral de Callery (su nombre científico es Pyrus calleryana) se instaló en la polémica en España y en Argentina. Es por el olor que destilan sus flores, cuando en primavera expande su "aroma".

Este árbol invade media España y provoca asco en primavera: “Mi calle huele a semen”
El peral de Callery, cada vez más presente en nuestras ciudades, huele a esperma, vómito o pescado podrido, según a quién se le pregunte. La neurociencia lo explica, pero ¿hay que seguir plantándolo?

Hay cosas que nos pasan por la mente y que, por vergüenza o pudor, no comentamos con nadie o se quedan en un círculo muy reducido. No es el caso de Mateo (nombre ficticio). Hace poco que se ha mudado a la calle Marcelo Usera de Madrid y al comienzo de la primavera su mujer le sorprendió un día con un extraño mensaje: “Huele un montón a semen por la calle”.

Tras las risas, al llegar a casa comprobó con estupor que era verdad. El “pestazo insoportable” fue a peor y les tenía despistados hasta que comprobaron que procedía de los árboles. Lejos de ocultar su descubrimiento, Mateo se llevó flores a su trabajo e hizo una pequeña encuesta entre sus compañeros. “¡Todo el mundo sabe a qué huele, que no me vengan con tonterías!”, afirma, aunque en su entorno impera la ley del silencio. “Creo que todos olemos lo mismo pero la gente no quiere reconocer que sabe cómo huele el semen”. A pesar de todo, admite que en su pequeño sondeo ha descubierto que hay otros matices en las fosas nasales de cada cual: “Hay gente que dice que huele a vómito”. Todos coinciden en algo, el olor es tremendamente desagradable. La historia suena a broma, pero no lo es. Y la química y la neurociencia tienen mucho que decir.

Para otras personas, la existencia de este árbol y su insoportable olor no es ninguna novedad. “Hace 10 años me mudé a Madrid, a un colegio mayor de Ciudad Universitaria, y en el propio recinto teníamos un árbol que olía a semen… Muchísimo”, asegura Luis (nombre ficticio). “Había bastante cachondeo con el asunto” entre novatos y veteranos, hasta el punto de que este ejemplar tenía un nombre muy ilustrativo: el lefárbol. “Si tu ventana daba a la zona donde estaba, el cuarto se te llenaba de un olor bastante desagradable”, comenta. El árbol en cuestión se conoce como peral de flor o peral de Callery (su nombre científico es Pyrus calleryana y tiene varias variedades) en honor de Joseph-Marie Callery, el primero que envió ejemplares a Europa desde Asia, en el siglo XIX. Desde entonces, ha conquistado aceras y parques de muchos países y destaca su presencia en EEUU. Algunos trabajos científicos alertan de que esta especie no autóctona, más allá de los ejemplares que se plantan intencionadamente, tiene un gran potencial como invasora en el campo. En Madrid hay unos 7.000 ejemplares y la variedad más numerosa (Chanticleer) se introdujo en 2003, según la Guía de Bolsillo de los Árboles de Madrid publicada por Antonio Morcillo San Juan, ingeniero de montes y jefe del Servicio de Conservación de Zonas Verdes del Ayuntamiento de la capital. En la aplicación iNaturalist, usada por biólogos y ciudadanos para mapear la diversidad, encontramos ejemplares en otras ciudades, como Girona, La Coruña o Zaragoza.

Compuestos químicos volátiles

Lo cierto es que en los últimos años esta especie “se ha extendido como la pólvora”, explica a El Confidencial Juan Andrés Oria de Rueda, investigador de la Universidad de Valladolid y experto en botánica forestal. “La plantación ha sido masiva, ya la encontramos en cualquier lugar”, probablemente por criterios estéticos, aunque “tiene una gran exigencia de humedad”, advierte, con lo cual no sería la más indicada para ciudades en las que llueve poco, como es el caso de Madrid. Este experto interpreta el olor de Pyrus calleryana de una forma más discreta pero aún más desagradable: “La flor tiene unos componentes químicos que huelen a pescado podrido”, asegura.

La cuestión es por qué nos huele tan mal. Quienes afirman sin dudar que su olor es como el del esperma no están locos, ya que los compuestos químicos volátiles del semen y los que desprenden las flores de este árbol son similares, aunque este asunto todavía no está completamente estudiado. El origen químico del olor de este peral aún no se ha caracterizado, pero algunos expertos consultados por medios de comunicación estadounidenses han citado específicamente la trimetilamina (un gas relacionado con el olor a pescado) y la dimetilamina (que se identifica con el olor a amoníaco). En cambio, un trabajo de la Universidad de California que analizó este asunto en 2021 no encontró estos componentes en las flores del peral de Callery, pero apuntaba a otra explicación muy similar: el olor procedería de un compuesto denominado pirrolina, que también se ha asociado al olor del esperma humano y que forma parte de las aminas, derivados del amoniaco. En el semen no se ha encontrado este compuesto, pero sí otras aminas (putrescina, espermidina y espermina) que, a su vez, están recogidas como reguladores del crecimiento y desarrollo de plantas en otros trabajos. La clave estaría en que los seres humanos y otros animales vertebrados percibimos todas estas moléculas de la misma forma, a través de los receptores de aminas del epitelio olfativo. Además, su activación puede generar rechazo, según experimentos con ratones.
Qué pasa por tu cerebro cuando lo hueles

“Cualquier olor es una mezcla de diferentes compuestos volátiles”, explica David Díaz, investigador del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL) de la Universidad de Salamanca experto en el sistema olfativo. “Normalmente, no nos llegan sustancias odorantes puras. Por ejemplo, el olor a jazmín incluye más de 20 compuestos”, añade.

EN ARGENTINA

Cada año, la primavera sorprende a los ciudadanos de La Plata con “exóticos aromas” descritos por aquellos que los perciben como vómito, esperma o semen.

Se trata de un perfume presente especialmente en la zona del Bosque de la capital bonaerense, pero que es no exclusivo de ese lugar, ya que en cualquier sitio en el que existan estas plantas y árboles, al llegar esta estación del año el aroma tan característico y único invadirá el área circundante.

Los responsables son dos tipos de árboles que en ese Paseo del Bosque de La Plata se encuentran en cercanías del viejo zoológico, el club Hípico y también por el Observatorio Astronómico.

Allí cada día, al llegar las jornadas con temperaturas más agradables se concentran centenares de habitantes de La Plata para practicar deportes, caminar o correr, y ya son muchos los que detectan ese “incómodo” olor a semen.

El árbol del olor a semen

El peral de flor (Pyrus calleryana) en su variedad Bradford, es un árbol de origen chino y vietnamita, muy popular en los Estados Unidos y algo menos en Argentina, aunque considerado “invasivo hasta el extremo”, por su olor.

Eloy Rodriguez de la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York, brinda una respuesta más precisa y específica, cuando señala en un estudio que las verdaderas culpables del olor a semen son las aminas volátiles, concretamente la trimetilamina y la dimetilamina.

Estos derivados del amoníaco dan tanto el olor a semen como, a veces el de pescado podrido, también asimilable a la lavandina en algunos casos.

Aunque nos parezca desagradable a los seres humanos, este olor le permite atraer a insectos polinizadores… Y el Bosque de La Plata, lo sabe.



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