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Coronavirus: cómo impacta la inmunización masiva en la propagación

Las especialistas Daniela Hozbor y Leda Guzzi advierten que es pronto para extraer conclusiones, pero que, según la evidencia, en países con vacunaciones masivas las hospitalizaciones y las muertes disminuyen de manera marcada. Argentina podrá inocular a 1 millón de personas la semana próxima.

Argentina contará, a partir de esta semana, con casi un millón de dosis de vacunas para inocular: a las 400 mil de Sputnik que llegaron desde Moscú el viernes por la tarde, deberán sumarse las 580 mil que, desarrolladas por AstraZeneca y Oxford, arribarán al país como “partidas extra” provenientes del Serum Institute de la India, una de las plantas productoras más grandes del planeta. El gobierno acordó que, además de las 22.4 millones que deberían llegar desde México a partir de marzo, el país reciba dos partidas de 580 mil, una este mes y otra en el siguiente. De este modo, con dosis disponibles y a medida que avanza el proceso de inmunización se abren algunos interrogantes. ¿La ciudadanía sabe, a ciencia cierta, como actúan las vacunas en el cuerpo?

Las especialistas Leda Guzzi, de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), y Daniela Hozbor, de Conicet, reflexionan al respecto e hilvanan respuestas de acuerdo a lo que indica la última evidencia disponible.

“Una vez inoculada, gatilla una respuesta del sistema inmunológico. Esa respuesta tiene dos aristas, una es la producción de anticuerpos y la otra es la generación de células T, así como también células CD8 citotóxicas. Esta última es fundamental porque funciona como inmunidad celular, suele ser más robusta y duradera en el tiempo”, sostiene Guzzi, médica infectóloga de la SADI.

Para Hozbor, bioquímica e Investigadora Principal del Conicet en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de La Plata, primero es necesario ir un paso hacia atrás y recordar qué son las vacunas. “Son formulaciones que tienen al patógeno o pedacitos de él, pero están modificadas de una manera tal que no nos producen enfermedad. Lo que hacen es generarnos una respuesta inmunitaria específica para combatirlo en caso de que ingrese a nuestro organismo. Lo que se busca es que, en cualquier caso, la respuesta sea duradera. Que se cree en el cuerpo una especie de memoria para que funcione a partir de un efecto preventivo”, explica. Luego continúa: “Ya con la primera dosis se genera una respuesta inmunológica y a partir de la segunda esa misma respuesta se vuelve más robusta. Se incrementa la capacidad neutralizante y de memoria”.

Pfizer y BioNTech aseguran un 52 por ciento de eficacia con la primera dosis, pero no saben por cuánto se prolonga ese efecto si no hay una segunda dosis de refuerzo. AtraZeneca, en cambio, comunicó que con una sola dosis la inmunización podría alcanzar el 73 por ciento de eficacia. Kiril Dmítriev, director general del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF), que financia el desarrollo de Sputnik V, anunció que podría poner a disposición, en algún tiempo, una versión “light” y alcanzar el 85 por ciento de eficacia, para satisfacer la demanda del producto. Sin embargo, falta evidencia científica al respecto, ya que los ensayos clínicos que realizaron las farmacéuticas con miles de voluntarios siguieron un protocolo muy estricto: las dosis, según los casos, debían ser suministradas con 21 o 28 días de diferencia. La eficacia (más del 90 por ciento en la mayoría), por tanto, fue probada con dos dosis y con ese lapso entre medio.

Vacunas: cómo actúan en el cuerpo y cómo cuidarse luego de recibirlas

¿Las personas que ya están recibiendo las vacunas deben seguir cuidándose? “Claramente tenemos que seguir cuidándonos por una razón fundamental: aún no se sabe ‘en la vida real’ cuan efectiva es la vacuna para impedir la transmisión viral entre las personas tanto sintomáticas como asintomáticas. Los resultados de los estudios son promisorios, pero la efectividad real de las vacunas la vamos a conocer en algunos meses después de haber vacunado a un gran número de personas”, advierte Guzzi.

“Pensamos que van a reducir el número de enfermos graves y la mortalidad, y es probable que también reduzcan el número de infectados y la transmisión entre las personas, pero esa efectividad en la vida real la vamos a conocer con el tiempo”, añade. Los datos que los laboratorios comprobaron hasta la fecha sobre las vacunas contra la covid-19 son de eficacia frente a la enfermedad y los casos severos. Por ende, al evitar ello, podría preverse que se reducirían todos los aspectos vinculados a la sintomatología y el contagio. Hozbor lo detalla de este modo: “Todavía no hay datos sobre si las vacunas son capaces de evitar la infección, es decir, que el virus ingrese y luego se multiplique. Las personas vacunadas no se enferman, pero sí se podrían infectar y sabemos que los infectados pueden contagiar a las otras personas”.

¿Impide el contagio?

Interrogantes como éste se irán contestando poco a poco cuando avancen los estudios que los propios laboratorios siguen haciendo y, como dice Guzzi, cuando se compruebe la eficacia de la vacuna “en la vida real”. Con ello, la infectóloga advierte que una cosa es aplicarlas en miles y otras en miles de millones de individuos, distintos entre sí, con organismos con características particulares y regidos por dinámicas sociales específicas.

“Todavía no sabemos con exactitud en qué medida cada vacuna previene el contagio. Tampoco tenemos en claro si una persona vacunada podría portar el virus en su faringe y estar asintomática, ni si podría transmitir el virus a otras personas. Hay diversos aspectos que aún ignoramos, aunque tenemos fundadas expectativas de que las vacunas podrían reducir significativamente la transmisión viral”, destaca Guzzi.


Existen estudios preliminares que revelan que en aquellas poblaciones de vacunados que se infectan, la carga viral es significativamente menor respecto de los no vacunados. Eso “ocasionaría menor transmisibilidad, es decir, menor contagiosidad a otras personas; y, por otro lado, una presentación clínica asintomática más atenuada”, relata Guzzi. Hozbor comenta: “La vacunación evita la enfermedad pero no la infección, con lo cual aquellos vacunados podrían seguir infectando. En Israel, por ejemplo, compararon a la población que había recibido una dosis con los que habían recibido las dos y con aquellos que todavía no se habían vacunado. Encontraron que en la gente con ambas dosis, la carga viral era más baja. Un dato preliminar pero muy auspicioso porque no solo impediría la enfermedad sino también reduce la infección”.

El ejemplo de Israel

Israel ya vacunó al 40 por ciento de su población y al 90 por ciento de sus adultos mayores. En poco tiempo, a partir de la fórmula desarrollada por Pfizer y BioNTech ya se observan los primeros resultados en los mayores de 60 años.

“Según reportes israelíes, tras 3 semanas de la aplicación de la segunda dosis de la vacuna, se destaca un impacto muy positivo, especialmente en mayores de 60 años. En este grupo se ve una reducción en la incidencia de nuevos casos, que alcanza un 56 por ciento, 42 por ciento menos de hospitalizaciones, 34 por ciento menos de enfermos críticos y 35 por ciento menos de muertes”, detalla Guzzi.

Desde este punto de vista, plantea Hozbor: “La campaña que se está haciendo en Israel tiene datos impresionantes. Están empleando la de Pfizer y les resta un porcentaje muy bajo de población mayor de 60 años por inocular. Es, precisamente, en este grupo de los adultos mayores en donde se ha reducido de forma muy marcada la hospitalización y también la mortalidad”. Y remata: “La vacunación también se combina con una estrategia de eficacia probada: allí también están con cuarentena estricta”.

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