Director: Daniel Caram
  17/04/14
Lunes, 20 de agosto de 2012
A PESAR DE LA LLUVIA MILES DE DEVOTOS
Un fenómeno creciente: Impresionante devoción en Corrientes a San la Muerte
A pesar del mal tiempo, miles de devotos aprovecharon el fin de semana largo y el feriado para visitar el santuario de San la Muerte para pedir y agradecer. Miles de peregrinos se acercaron a la capilla del santo de la guadaña ubicado a escaso siete kilómetros de Empedrado entre los kilómetros 981 y 983 de la Ruta Nacional 12, aproximadamente a 50 kilómetros de la capital de la provincia. Si bien la festividad de San La Muerte es el 13 de agosto, muchos aprovecharon el fin de semana largo y el feriado para darse cita en la capilla en cercanías de Empedrado.

Sin lugar a dudas la devoción a San La Muerte posee fuertes raíces populares en Corrientes. De los dos santuarios conocidos (Uno en Mercedes y otro en Empedrado) el que ha llamado mas la atención en estos últimos tiempos ha sido el segundo, ubicado entre los kilómetros 982-983 de la ruta nacional n° 12, a escasos siete kilómetros de la ciudad de Empedrado.

Este santuario desde hace unos años a esta parte ha estado creciendo y ganado la confianza de los adeptos merced a su singular historia y también al buen manejo de sus cuidadores, la familia Barrios.

Como nació la leyenda

La historia arranca cuando el abuelo Lorenzo, recorriendo el campo en un obraje en el Chaco hallo un pequeño bulto de trapo conteniendo dos imágenes: una desconocida y a San Antonio. Sin darle mayor importancia este hombre guardo ambos elementos en una caja y lo llevo a su casa. Allí dejo la caja en un baúl y la olvido. Unos años después en circunstancias que este hombre atravesaba momentos difíciles por las noches se oía un incesante golpeteo. Presa de natural inquietud comenzó a rastrear la fuente del sonido y para su sorpresa dentro del mueble en un rincón olvidado se encontraba la caja, quien inmediatamente de tocada, ceso sus golpes. Sin dar crédito a la evidencia, dejo la misma, pero a la noche siguiente repitió sus golpeteos.

El hombre preocupado por este fenómeno finalmente opto por sacar del armario la cajita y colocar ambos santos en su mesita de luz. La esposa de este hombre, profundamente católica, con diligencia construyo un pequeño relicario y coloco dentro ambas imágenes. A las dos horas de efectuada esta acción se les aparece una aborigen que les informó quien era el santo incógnito revelándoles que era San La Muerte. Todo esto sucedió en el obrador en la provincia del Chaco, en una zona muy pobre y olvidada de Dios hará mas de un siglo atrás, cuando los aborígenes y los pobres eran fuertemente explotados y sometidos por los poderosos y la justicia al igual que la policía estaban al servicio de los que tenían dinero.

Manifestaciones de San La Muerte

Desde ese día comenzó la acción tutelar de San La Muerte en esta familia. Al principio, cuando don Lorenzo y su esposa regresaron a Corrientes, mediante la devoción familiar, centrándose el culto de agradecimiento cada 20 de agosto, fecha en que la aparición de la aborigen revelo el carácter del Santo. Poco a poco los vecinos de la familia Barrios fueron acercándose y rogándole al santo por sus vaquitas perdidas.

Cuenta la tradición centenaria de esta familia que según se mostraba la “flor” de la vela (el pabilo y su llama) se sabia inmediatamente si el animal extraviado estaba vivo o muerto, con una certeza casi infalible, Don Lorenzo incluso daba las señas de donde hallar a los animales perdidos en base a esta manifestación del santo para con sus devotos. Muchos campesinos y humildes agricultores salvaron así a sus familias del hambre y cada vez que había devoción se iban acercando y agregando al núcleo fundacional de los devotos. Al mismo tiempo se fueron incorporando las ofrendas al santo, en forma de velas.

A inicios de este siglo XXI los casos atribuidos al santo ya sumaban un grueso corpus de anécdotas que aun no se han recopilado (pero que se piensa hacer en breve) pues el santo siempre fue muy eficaz con los problemas de dinero, salud y amor. Antonio, un integrante de la familia Barrios quien reside en Buenos Aires y suele organizar en agosto a los peregrinos de esa provincia nos refiere

“Esto esta para el bien desde siempre, mi abuelito jamas quiso que nada malo se hiciera aquí o que se usara al santo para eso. Aquí la gente viene y hace sus promesas, cada cual sabe que prometer porque aquí no se pide nada, y cuando se les cumple vienen muy felices y agradecen al santo. Piden por la salud, el trabajo y el amor...”

Este detalle no es menor, porque a diferencia de otras devociones a este mismo santo, en Empedrado no se aceptan velas negras, usadas en rituales para hacer daños o maldades. Estan absolutamente prohibidas y en nuestra recorrida en agosto pasado y en estos meses subsiguientes jamas vimos ni uno de estos signos negativos que han marcado una leyenda negra que no siempre es correcta. Antonio nos recalca “Nosotros seguimos la tradición de mi abuelito, un hombre bueno que jamas se presto para el mal, y creemos que el santo tampoco hace o esta para ello”

Los peregrinos agradecen generosamente no solo al santo sino también a sus cuidadores y gracias a eso el santuario crece cada día mas. Ellos no cobran por entrar ni por participar, solo reciben humildemente el aporte que agradecidos promeseros les hacen. Es de destacar que en los espectáculos que se hacen en Agosto u en otros meses, donde los chamameceros, cantantes y bailarines ofrendan su arte gratuitamente a San La Muerte.

La devoción hacia el santo está mas dictaba por el corazón que por los rituales. Salvo una oración específica, para rogarle o agradecerle a San La Muerte, no hay un culto especialmente diseñado ni una liturgia especial. En la pequeña capilla de San La Muerte está, en un relicario esplendoroso de luz y fuerza, el santo: una minúscula figurilla de oro de apenas dos pulgadas de alto realizada en una técnica de bajorrelieve y al lado suyo una medallita también áurea de San Antonio. En la capilla además conviven las Vírgenes de Itatí y otras junto a varios santos que armoniosamente dan su bendición y mensaje ecuménico de paz y amor a los feligreses. Completa la imagen un mural de tres lados que poseen como personajes a aborígenes, en homenaje a la visión de la indígena que ilustró a Don Lorenzo.

Pese a esto la relación con la Iglesia católica es conflictiva. La ortodoxia católica no puede ni desea aceptar que un santo nacido en el seno del pueblo este en sus altares. Antonio, con un dejo de tristeza, nos relata:

“En una época hace no mas de 30 años, llevaba mi abuelito al santito a la Iglesia y se hacia una misa Allí, los dias 20. Le hacían misa pero después de un día para otro se corto esto. Creo con toda humildad que ha sido un error de la Iglesia discriminarnos. NO vemos que puede tener de malo creer en un santo que defiende a los pobres... Tendría que ser aceptada porque no esta para hacer el mal, al contrario. Y te digo mas, mi abuelito cuando hallo al santo no sabia ni hacer la señal y para el final de su larga vida rezaba dos horas a la mañana y dos horas antes de dormir, pidiéndole al santo por todos los que solicitaban socorro de San La Muerte...”

La devoción del Santo de hecho y por lo que hemos constatado, posee una fuerte impronta católica y se hace especial hincapié en los valores cristianos.

¿Quien es San La Muerte?

La tradición mas esotérica y que rara vez ha trascendido las fronteras de la mas estricta intimidad nos hablan de un monje que además ejercía la medicina entre los pobres y los aborigenes, acusado de curandería y brujería fue perseguido en esta provincia de Corrientes y dio con sus huesos en la cárcel. Los poderosos de entonces -haría mas de doscientos cincuenta años a la fecha- se encargaron de que tuviera un proceso injusto y cruel pese a su estado eclesiástico. Como pertenecía probablemente a la orden de los jesuitas o de los franciscanos, la curia de entonces no le presto apoyo y dejo que se le condenara a la prisión mas rigurosa debido a las circunstancias políticas del viejo imperio de los reyes españoles que estaba desplomándose en una lucha interna.

El monje cuyo nombre fue olvidado en las arenas del tiempo, dio con sus huesos en la prisión virreynal, cerrándose la puerta a cal y canto. Por debajo de la puerta se le fue pasando la comida desde el día de su encarcelamiento (un 13 de agosto) y cuando fueron a constatar su estado el 20 de agosto (es decir ocho días después) para darlo al brazo secular para su tormento publico, se hallaron con un espectáculo horripilante: nada quedaban del monje, salvo un desnudo esqueleto que al momento de entrar sus captores a verlo, debido al alboroto que de armo, movió una mano y apunto a su principal inquisidor. Pálido de muerte este hombre fallecería poco después presa de torturados pensamientos. Poco a poco sus perseguidores caerían presa de misteriosas enfermedades que el pueblo llano atribuyo a la justicia divina por la profanación de un hombre bueno.

Pero si bien el nombre del monje ha caído en el olvido, no así su acción caritativa y cristiana entre los parias, los pobres, los aborígenes y los leprosos de su época. Boca a boca a través de los siglos fue relatándose su leyenda de martirio e incomprensión, su acción bienhechora y su amor al prójimo.

Al milagro de su aspecto esquelético se le dio la denominación de San La Muerte. Toda referencia histórica fue eliminada por la Iglesia y los señores de entonces siendo virtualmente imposible hallar documentos que de fe cierta del proceso y encarcelamiento del monje; pero la tradición popular se mantuvo como una memoria oral intocable e imperecedera y el santo ha regresado del olvido, poco a poco y cada día con mas fuerza para dar su mensaje a los desesperados y atribulados de esta provincia atravesada por un feudalismo recalcitrante y por la injusticia hacia los desposeídos desde siempre. No es casual el desprecio y la ignominia a la que se le ha querido atribuir a San La Muerte, a la negativa de la Iglesia a cobijar a sus creyentes y del poder, a ignorarlo mientras se favorecen otros cultos que no les son perniciosos para mantener la mansedumbre y dominio de los sumisos.

San La Muerte tiene su leyenda negra, pero es comprensible, su aspecto aterrador y su vinculación con la cercanía de la muerte, ese temor horrible destino común a todos los mortales. Pero lejos de ser algo maligno o perverso San La Muerte -según sus devotos mas fieles- propicia la vida, ayuda al bien morir (en lo espiritual y físico) y a los perseguidos injustamente a los enfermos del cuerpo y del corazón los cobija en los momentos mas difíciles y duros. Y ellos después regresan para darle las gracias y testimoniar en una prueba de fe que va desde una vela encendida o un cigarrillo en el altar, a las bebidas, los facones y otras demostraciones de devoción que desde su urna de cristal el santo acepta en silencio y con una eterna sonrisa mas enigmática que la de la Gioconda. (fuente: http://www.fabio.com.ar/1975)

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