La ribera correntina, cercada por conocidos grupos empresarios

Info General - 19/01/2020

En la mira de todos está uno de los nuevos ricos de Corrientes, beneficiario de los favores de sucesivos gobiernos. Jorge Goitia, con su shopping costero, está primero en el podio, aunque también hay otros jóvenes ambiciosos que pretenden avanzar con emprendimientos que provocan polémica en la comunidad. Hasta el momento, se pueden observar contradicciones contundentes, con "paradores" que venden bebidas alcohólicas, mientras unos relajados policías impiden el ingreso con ellas a los bañistas. Un debate que merece acrecentarse conforme no se acuerde acciones implacables, como las que se aplican en la costa bonaerense con la "ley seca".


En las últimas horas, se conoció la decisión municipal de demoler la base de hormigón que se edificó en la playa Arazaty 2. Más allá de las cuestiones técnicas y burocráticas que se tradujeron en dicha medida, con un Municipio decidido a impedir la avanzada de "avivados" en espacios públicos, lo que quedó en evidencia fue un contexto en el que grupos empresarios pretenden obtener beneficios de una maravillosa ribera capitalina que es ya la envidia de la región.


Son varias las iniciativas privadas que comenzaron a tantear el terreno costero en los últimos meses. Algunas edificaciones ya causaron alboroto en las redes sociales, desde donde se cuestiona la instalación de bares en un lugar que es de cada uno de los vecinos, donde ya se habían acostumbrado a ir y a aprovechar con deportes y otras actividades de esparcimiento.


Como hecho paradigmático de este verano, se ubicó el proyecto del shopping en la Costanera Sur, encarado por el grupo Goitia, desde donde se aprovechó la compra a un particular de un terreno que antaño se intentó expropiar a través del Estado, pero el anterior propietario se negó, cayendo sí ahora en una -tal vez- seductora e irrechazable oferta del dueño del casino.


En concreto, una situación engorrosa y difícil de analizar de parte de los ciudadanos, puesto que la operatoria inmobiliaria utilizada, así como la decisión de apostar por un paseo de compras, entre otros detalles, están abarrotadas de pormenores que dejan a actores principales casi como meros y azorados testigos. Tal el caso del Municipio, que no puede interceder en un trato entre privados, así como en la definición de un Concejo Deliberante, donde hasta la oposición colaboró para que se avance con el shopping.

 

Un "mboyeré" propio de estos lares, donde pareciera que es preferible naufragar en las contradicciones que actuar para evitarlas y aplacar el ánimo de la gente.


Un hecho particular que describe fehacientemente esta coyuntura se da en el consumo de bebidas alcohólicas dentro de la playa. No está permitido, siendo controlado por agentes del orden el ingreso de los bañistas con botellas o latas. Sin embargo, las constantes contradicciones mencionadas ut supra y el "ingenio" empresarial vernáculo hacen que esta normativa caiga en saco roto.


Se debe recordar que la Municipalidad prohíbe el ingreso con bebidas alcohólicas a los balnearios desde 2011. Para ello, la Guardia Urbana realiza inspecciones, aunque sin poder de policía. Pero con la llegada de los "paradores" se da una paradoja: ¡allí se venden o venderán cervezas y tragos!
Se trata de una cuestión clave que ya fue atendida y entendida en Buenos Aires. La "ley seca" comenzó a aplicarse a rajatabla, con operativos de control realizados en los accesos por las fuerzas de seguridad.


Mar del Plata fue el caso testigo, con su Playa Grande custodiada a pleno por efectivos para que se cumpla irrestrictamente una medida para muchos, necesaria. Policías e inspectores municipales requisan heladeras portátiles y mochilas de hasta los niños. Todo para evitar desmanes que suelen sucederse con el descontrol que a veces conlleva el consumo excesivo de alcohol.

 


Manifestación contra el shopping en el Cocomarola

 

El malestar por la posibilidad de que el grupo empresario que encabeza el dueño del casino, Jorge Goitia, pueda instalar un shopping en la ribera capitalina se hizo notar en la primera luna chamamecera, en el anfiteatro Cocomarola.


Una joven comunicadora se plantó frente a las cámaras de televisión y flashes de decenas de fotógrafos apostados frente al escenario Sosa Cordero, con un cartel con la leyenda: "La playa no se vende".


De inmediato y sin siquiera saberse de dónde, aparecieron unas personas a los empujones, llevándose por delante a parte de la prensa y el público. Ello, con el único objetivo de correr a como dé lugar a la manifestante.


Más de diez mujeres con una indumentaria blanca de una presunta empresa de seguridad privada irrumpieron contra la joven. A éstas se le sumaron otras con un uniforme oscuro, sin identificaciones. También había hombres.


Lograron quitarle el "agraviante" cartel y lo redujeron en pedazos.


De parte de la reclamante, se acusó agresiones que también habrían padecido algunos familiares que intentaron actuar en su defensa.


En concreto, una muestra más de la ofuscación latente en la comunidad correntina, por el avasallamiento de espacios públicos de parte de privados, en este caso, de Jorge Goitia que, con vericuetos legales y técnicos, aprovecha para intentar más dividendos, cueste lo que cueste.


Para la anécdota, el cuestionable accionar de la "seguridad". Que valió el abucheo del público atónito.

 


¿Quién le pone el cascabel al gato?

 

Con el vapuleado proyecto del shopping costero y el avance sobre las playas a contramano de lo que ocurre en la costa atlántica, un sector del empresariado correntino volvió a quedar en la picota y no de la mejor forma.


Ausentes a la hora de negocios sanos que hagan a la genuina creación de riqueza y empleo, los de siempre intentan avanzar en búsqueda del lucro fácil, a expensas de valores superiores que paradójicamente estos días son fuertemente revalorizados en la costa atlántica, donde ya se habla de la «ley seca», en alusión a la decisión política de preservar el medio ambiente y la seguridad de miles de veraneantes, a la vez de resguardar a los jóvenes, que son presa fácil de la voracidad de los privados.


El diario La Nación, el último domingo puso en tapa y desarrolló, como Clarín de ese mismo día, una temática de alto impacto, precisamente en el momento en que en Corrientes se libra una dura batalla con los lobbies empresarios que penetran a la política con cierta facilidad.


En este marco, cobró notoriedad en los últimos días el volantazo dado por el intendente, Eduardo Tassano que -perceptivo de la reacción negativa que se dio en la población- ordenó demoler una construcción sobre la playa que con total desparpajo se intentaba consolidar por la vía del hecho consumado.


Uniendo la acción a la palabra, en cuestión de horas se avanzó en la demolición, en lo que pareció ser una clara señal como el mensaje implícito de que para esta gestión comunal hay límites y responsabilidades.


Más allá de esta circunstancia y con la efervescencia propia de decisiones siempre polémicas en medio del accionar subterráneo de grupos que medran en búsqueda del lucro en un intento de crear zonas liberadas para el descontrol propio del consumo del alcohol, el debate tiende a profundizarse. Quizás porque en estos tiempos las redes sociales han terminado por darle a ciertas acciones un nivel de exposición en tiempo «on line» capaz de desnudar la impudicia de los que no trepidan a la hora de lograr ganancias fáciles.


Años atrás, una situación similar terminó imponiéndose por la fuerza de los hechos, con la connivencia de los gobiernos provincial y municipal que no pusieron oportunos y claros límites al avance empresarial.


Fue con el negocio del Hotel de Turismo, que contra viento y marea se llevó hasta el final, violentando normas entonces vigentes que fueron soslayadas con una urgencia digna de mejor causa.
Ahora, la cuestión vuelve a quedar sobre el tapete. El Intendente ha dado una primera señal que se considera auspiciosa. Habrá que ver cómo se mueven las piezas en un escenario en el que priman los intereses.

 

La necesidad de que se cumpla la "ley seca"


LA IMPORTANCIA NO ES COINCIDENCIA. Que Clarín y La Nación demuestren un enfoque compartido sobre una temática, expone la relevancia de este tipo de decisiones políticas. En la costa atlántica, una lucha sin cuartel contra el alcohol. En Corrientes, el partido está en mitad de cancha, aunque pareciera primar la decisión de evitar que haya zonas liberadas para el consumo. El Libertador