Juicio

Megacausa Sapucay: El ex comisario de Itatí negó secuestro de marihuana en su despacho

Policiales - 17/10/2019

El ex jefe de la comisaría de Itatí se defendió de las acusaciones. Aclaró que el “dorado es un pez y no otra cosa”. Negó que en su despacho se haya encontrado un paquete de droga. “Solamente secuestraron tres agendas”, afirmó.

 

Se reanudó el juicio por la megacausa Sapucay y declaró el ex comisario de Itatí,   Diego Osvaldo Ocampo Alvarenga (52), alias “Negro”, ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 3 de Buenos Aires. Hizo un relato pormenorizado de su carrera policial. Dijo que siempre luchó contra el narcotráfico y desde que hallaron una camioneta cargada de marihuana en el domicilio en la investigación por el asesinato de Miguel Angel Zalazar, en Itatí en el 2016, comenzó a ser investigado y vigilado por Gendarmería Nacional.


En la declaración a la que tuvo acceso El Litoral, Alvarenga manifestó tener 30 años de carrera en la Policía. En abril de 2014 asumió como jefe de la comisaría de Itatí.


“Colaboré siempre con las instituciones públicas, iglesias, comedores y escuelas primarias”.
“En julio de 2016 ocurrió un homicidio dentro de Itatí. Falleció un joven de apellido Zalazar. El supuesto autor era un joven de apellido Zacarías Brítez, alias “Bebecho”. Comenzamos a investigar. Realicé varios allanamientos y comencé a notar presencia de personal de Gendarmería que andaba atrás nuestro”.


“A los dos días del homicidio, haciendo un allanamiento encontramos un vehículo Renault Sandero cargado de estupefacientes. Puse en conocimiento al juzgado. Había 740 kilos de marihuana. Me ordenan que le dé la investigación al DIC. Comenzaron a llegar los gendarmes y querían datos. Salí y les informé lo que ocurría”.


“Luego de esto observé que los gendarmes continuaban siguiéndome y controlando lo que el personal policial hacía en sus tareas propias de la investigación”.


“Cada vez que el móvil iba al barrio Ibirá Pitá nos seguía la Gendarmería. Me seguían desde mi casa hasta la comisaría, todos los días en vehículos polarizados”.


“El sábado 11 de marzo de 2017, tres días antes de que me detengan, mi señora e hijas me dicen que una chica en una camioneta blanca y llantas negras le preguntó por mí y sacaban fotos. Estaba de civil pero se nota que era de Gendarmería”.


“El día 14 de marzo yo estaba en la comisaría de Itatí. Amanecí en la comisaría. Aproximadamente a las 6 de la mañana me llamó mi hija y me dijo que Gendarmería estaba allanando mi domicilio, por lo que le digo que ya iba para allá”.


“Salgo hacia mi casa y en el empalme de la ruta provincial y Ruta Nacional Nº 12 me detiene la Gendarmería. Me dicen que estoy incomunicado. Me llevan de vuelta al pueblo en una base que hicieron en Itatí. Una o dos horas de estar demorado, firmo el acta de detención.

“Por la tarde nos trasladan al escuadrón de Gendarmería en Corrientes. Se reían de nosotros, nos apretaban y nos preguntaban cosas. Nos trataron como animales, no nos dieron agua ni de comer, no dejaron que nuestros familiares nos dieran ropa”.


“Cuando llegamos a Buenos Aires el día 15, pido ir al baño para poder higienizarme. No me sacaban las esposas ni para defecar. Cuando vine a declarar me asignaron un defensor oficial, peor éste mandó a su secretaria, me dijo que estaba comprometido y que tenía que declarar como arrepentido. Me decía que yo tenía muchas escuchas telefónicas. El maltrato que me dio Gendarmería no vi nunca en mi vida. Pensé que estábamos en la dictadura”.


Tras declarar, aceptó ser indagado y habló de cómo trabajan las fuerzas federales en Itatí. Contó que él tenía las directivas de combatir el narcomenudeo, con recorridas a la entrada y salida de los colegios.


Afirmó que la relación que tenía con el poder político de Itatí era la normal de colaboración mutua, sobre todo en las peregrinaciones de julio y septiembre.