Misa exequial de Mons. Kalenga: Te dejamos ir a las manos de Dios

Info General - 15/06/2019

“Quizás nuestro hermano León nos diga y le diga a su pueblo, a su pueblo de la Argentina, de El Salvador, de tantas partes donde estuvo: “Ahora los encomiendo a Dios”, dijo el papa Francisco, durante la misa exequial de monseñor León Kalenga Badikebele, nuncio apostólico en la Argentina, celebrada esta mañana, en el altar de la cátedra de la basílica de San Pedro. En la ceremonia han tomado parte los representantes pontificios que toman parte en la reunión convocada por el papa Francisco del 12 al 15 de junio.


“Quizás nuestro hermano León nos diga y le diga a su pueblo, a su pueblo de la Argentina, de El Salvador, de tantas partes donde estuvo: “Ahora los encomiendo a Dios”, dijo el papa Francisco, durante la misa exequial de monseñor León Kalenga Badikebele, nuncio apostólico en la Argentina, celebrada esta mañana, en el altar de la cátedra de la basílica de San Pedro. En la ceremonia han tomado parte los representantes pontificios que toman parte en la reunión convocada por el papa Francisco del 12 al 15 de junio.

 

En su homilía, el pontífice reflexionó sobre “el decir adiós al hermano” que es como decir “te dejamos ir hacia Dios, ir a las manos de Dios”, “que son las manos más hermosas, plagadas de amor”.

 

El Papa se refirió a monseñor con la figura del Pastor y recordó al apóstol Pablo, en Mileto cuando frente a los ancianos de Éfeso se despide con lágrimas y cómo la comunidad antes de que suba al barco, le da muestras de afecto. Por eso subraya: “El pastor se despide y muestra que su vida es una vida de obediencia a Dios: “Por eso me veo obligado por el Espíritu a ir a otra parte”.

 

Francisco recordó la despedida de Jesús, “que es una despedida con esperanza: Voy a prepararles un lugar”. Y añade: “Voy a prepararles un lugar”: es decir, voy adonde quiero que vayan todos ustedes, en ese momento. “Voy a preparar un lugar para ustedes”.

 

“A mí me gusta decir que la vida nos enseña a despedirnos, aprender a despedirnos. Veamos cómo se despiden los pastores, como Jesús, como Pablo, como tantos, como León, también nosotros aprendamos a dar los pasos para despedirnos, -pequeñas despedidas, de cambio de misión, y de la gran despedida al final-. Que el Señor nos conceda a todos esta gracia: aprender a despedirnos, que es una gracia del Señor”, concluyó en su homilía el Papa.

 

Homilía del Santo Padre


Esta Eucaristía terminará con la oración de la valedictio, es decir del adiós: “decir adiós” al hermano. Es como decir: te dejamos ir a Dios, ir a las manos de Dios. La Biblia nos dice en el Libro de la Sabiduría que el alma del justo está en las manos de Dios. Las manos de Dios, que son las manos más hermosas, plagadas de amor, las manos plagadas de amor. Y confiamos a nuestro hermano a las manos de Dios.

 

Y esta es también una oración de despedida, y aún más: es la despedida del pastor. El pastor se despide de su pueblo, de su rebaño. Como hizo Pablo en Mileto, ante los ancianos de Éfeso, con el llanto. Todos lloraban, le abrazaban, le besaban antes de que subiera al barco. La despedida del pastor. El pastor se despide con su testimonio: “Ustedes saben cómo me comporté siempre con ustedes desde el primer día”: esta es mi vida, le dice al rebaño, juzguen ustedes mismos”. Un testimonio. El pastor se despide mostrando que su vida es una vida de obediencia a Dios: “Mien que ahora yo, encadenado en el espíritu, voy” a otro lugar. Es el Espíritu que me trajo y que me lleva; es como la “columna” que sostiene la vida del pastor.

 

El pastor también se despide con un testimonio de desapego: está acostumbrado a no estar atado a los bienes de este mundo, a no estar atado a la mundanalidad. “Sé que ya no volverán a ver mi rostro por esto les testifico hoy que yo estoy limpio de la sangre de todos”, de tantas cosas, y se separa de ellas. Como si dijera: “ahora son adultos”. “Cuídense ustedes y de todo el rebaño”. Velen, luchen, sean adultos, los dejo solos, adelante.

 

Luego, como hermano y padre, el pastor se despide con la profecía: tengan cuidado, tengan cuidado porque “después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos crueles”, indica el camino, cómo defenderse sin el pastor.

 

Al final, reza: “Y ahora los encomiendo a Dios”, y de rodillas con sus presbíteros reza.

 

Esta es la despedida del pastor, que Pablo vivió tan fuertemente en Mileto. Y hoy pensamos en todas estas cosas, y quizás nuestro hermano León nos diga y le diga a su pueblo, a su pueblo de la Argentina, de El Salvador, de tantas partes donde estuvo: “Ahora os encomiendo a Dios”.

 

Y también escuchamos la otra despedida, la despedida de Jesús, que es una despedida en la esperanza: “Voy a prepararles un sitio”. La separación es provisional, es temporal: “Voy adelante, el rebaño vendrá después. Voy a prepararles un sitio”. Es decir, yo voy donde quisiera que viniesen todos, a ese lugar. “Voy a prepararles un sitio”: es esperanza.

 

Decía la espiritualidad, que al menos nosotros aprendimos en el noviciado, que toda la vida es un camino para aprender a morir. Esto iba bien en aquella espiritualidad novecentista que era un poco así. A mi me gusta decir: la vida nos enseña a despedirnos. Aprender a despedirse. Y ver cómo se despiden los pastores, como Jesús, como Pablo, como tantos, como León, todos se despiden, todos, se despiden. También nosotros podemos aprender: dar pasos para despedirnos, pequeñas despedidas de cambio de misión, y la gran despedida al final. Que el Señor nos dé a todos esta gracia: aprender a despedirnos, que es una gracia del Señor. +